La ley de Lincoln 

El sentido crítico de la educación en España es un mito.

Hace tiempo que descubrí, sin buscarlo, dejándome sorprender, que la universidad pública española presume de que fomenta el espíritu crítico, pero que los académicos españoles hace tiempo que no lo practican, al contrario, no admiten la discrepancia, necesitan unanimidades, votaciones para callar a quien no obedece a la mayoría, identificando la mayoría con la verdad. Es más simple para la mayoría aceptar una simple mentira que una verdad compleja, porque es más fácil engañar a la gente que convencerla que están engañados.

 ¿Por qué? Cuando acostumbras a la gente la cultura, o la filosofía de que lo que importa es la mayoría, que todo se decide por votaciones, la gente tiende a identificar la mayoría con la verdad.  Sobre todo cuando la propaganda institucional se tele dirige desde el status quo. Si obedeces tendrás zanahorias, y si no, tendrás palo, generalmente después de votaciones.

Eso es lo que ocurre en la universidad pública desde hace dos décadas, y la cultura que viven los alumnos, una cultura totalitaria que margina no solo al individuo sino a las minorías. Si además te encuentras con decanos populistas, para hacerse con los votos del alumnado, entonces los delegados de alumnos aprenden tempranamente las malas artes de los políticos profesionales. Los casos Zapatero, Casado, Sánchez, serán empeorados por los alumnos de delegaciones actuales, que cuando sean adultos se metan en partidos políticos, habiendo aprendido los vicios que se practican en la universidad. 

¿Y creen ustedes que este tipo de profesores unánimes que entre pares aplican estos principios de secta, fomentan la tolerancia, el sentido crítico, cuando enseñan? ¿Que no adoctrinan?

 Los humanos somos seres de costumbres, de hábitos, somos lo que hacemos repetidamente. Ustedes conocen ejemplos de enfermos psicopáticos que mienten por costumbre, su hábito es la mentira. A estos individuos, la gente normal no los respeta, los teme cuando tienen una posición de poder. No sé que educación transmitirán a sus hijos estos psicópatas, cuando alguno le interrogue: ¿Papá no nos dices que tenemos que decir la verdad, y por qué mientes?, o, ¿Papá la verdad hay que decirla o callarla? La educación maquiavélica no creo que sea recomendable para los niños o jóvenes, sino para mayores moralmente corruptos, aunque puedan ser admirados por algunos.

Pues así es, muchos académicos españoles actuals de universidades públicas son sectarios, tienen que obedecer un dogma: el de la mayoría progresista.  Tal vez ustedes se pregunten, ¿Puede haber mayorías no progresistas? Si, puede ser, pero en los últimos 20 años, yo no les he visto, ni en mi universidad, ni fuera de ella, en España. La universidad pública española está dirigida por los llamados progresistas.

Luego tiene usted los progresistas convencidos y conscientes, que no tienen vergüenza de decir lo que piensan en “familia”, y los “progresistas inconscientes” que es una gente sin moral, que obedece y calla inicialmente, pero con el hábito de callar y obedecer se convierte en peón de la progresía práctica. 

La universidad pública española actual está abarrotada de unos y de otros, de progresistas conscientes e inconscientes, se parece más a una Iglesia donde el principio de obediencia al poder socialista/separatista no se discute.

No, no siempre ha sido así, ni lo fue cuando era estudiante universitario (1973-1978), donde la facultad y toda la universidad estaba repleta, no solo de propaganda progresista en la universidad de Valencia Estudi General, sino manifestaciones, huelgas y agitación política. La participación del profesorado era minoritaria, o al menos la explícita, se supone que perseguida. El activismo estudiantil era importante, pero entonces el dictador era Franco. 

¿Y ahora qué tenemos? España es una enorme olla donde muchísimos se cuecen como ranas en la dictadura tibia del Gobierno socialista/separatista, donde votamos, pero hacen lo que les da la gana, pisoteando la separación de poderes, la igualdad entre españoles, y con una deuda que cuando explote, mejor estar protegidos.

En ambos casos la policía y el ejército obedecen al Gobierno. ¿Qué ha cambiado? 

La actitud de los alumnos, los tenedores de la autoridad, antes el alumno obedecía, iba a clase, unos estudiaban más que otros. Ahora la autoridad está en manos del alumno, porque votan y son mimados para votar adecuadamente, porque su voto interesa a los populistas que comercian con su voto. Evalúan a los profesores con encuestas, mientras la supuesta autoridad académica, en realidad política, identifica calidad docente con calidad de encuestas. 

El clamor nacional del absentismo de los universitarios, propiciado por las clases enlatadas, se evalúa positivamente en la encuesta, y penaliza al profesor que incentiva la presencia a clase no facilitando las clases enlatadas y digitalizadas. Es decir, lo que se considera calidad docente es fomentar el abstencionismo. Así que la autoridad al final radica en los alumnos, cuyos delegados comercian con el poder populista sus votos y sus encuestas. Este es el cambio fundamental de las aulas.

En la UPV donde trabajo, entre 1980 y 1990, tampoco se chupaban el dedo cuando criticabas al poder académico, y a los disidentes de cuna también nos perseguían sus dirigentes, aunque no eran “progresistas” entonces, cuando enseñaba en la antigua Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales, y publicaba mis opiniones en la revista “Biela” de la delegación de alumnos. También te perseguía el poder si criticabas algo inconveniente, pero el alumno de las delegaciones se dedicaba más a estudiar, venía a clase, los exámenes eran mucho más exigentes y no tenía la autoridad que tiene hoy .  Entre 1991 y 2003, yo enseñaba en la Escuela de Telecomunicaciones, no escribí, porque la crianza de los hijos y el trabajo, no me dejaba tiempo para opinar.

Cuando llegó Zapatero al Gobierno, en 2004, el vuelco inclinó el tablero ideológico totalmente a la izquierda, y todas las universidades públicas se volvieron más socialistas, y la persecución universitaria al disidente se intensificó. Tuve que defenderme en tribunales. 

El descubrimiento sorpresa otra vez, de los efectos perversos de las leyes educativas, el uso de las métricas evaluadoras y sus perversiones, resucitaron en 2021, mi disidencia literaria, con ánimo de difundir lo que en la universidad ocurre y no saben, ni los que dentro de ella viven . Como dije en mi anterior columna “Lawfare académico”, nada se parece tanto a la sociedad española actual como la universidad publica.

Abraham Lincoln abogado y político estadounidense, fue el decimo sexto presidente de EE.UU desde 1861 hasta que fue asesinado en 1865. Un gran hombre, que sabía la influencia de la educación en las personas. Busquen y lean, si no lo han hecho todavía, la “carta de Lincoln al maestro de su hijo”, realmente vale la pena, todo educador y todo padre debería conocerla. Pues bien, el mismo Lincoln profetizó, sin pretenderlo, en la siguiente sentencia, que me atrevo a bautizar, como la ley de Lincoln, lo que nos puede pasar a España en la próxima generación. Dice así, el pensamiento de Lincoln:

 “La filosofía del aula en una generación, será la filosofía del gobierno en la siguiente”

No he tenido la suerte de hablar con don Abraham, por razones obvias, pero es explicable su argumento. Se supone que las élites gobernantes han pasado por la universidad, y que la cultura que viven en las aulas es la que adaptan cuando son políticos, los que se dedican a ello. En “Jóvenes engañados, utilizados e infelices”, que pueden releer en https://www.disidenciadigital.com  saben lo que pienso de nuestros jóvenes universitarios, y su incapacidad no solo para dirigir a otros, sino a ellos mismos.

Como dijo Lincoln, ellos, y en especial los delegados de alumnos, digo yo, serán políticos y aplicarán las “artes” aprendidas en aulas y delegaciones de alumnos. Con suerte podrían ocurrir dos cosas, la primera, y ya me gustaría, es que yo estuviera equivocado. La segunda es que no lo estuviera, y se cumpla la ley de Lincoln. Prepárense los que estén para contarlo, los ejemplares de políticos que nos esperan. Los actuales serán monjitas comparados con los que vendrán. 

Otro genio, el británico Charles Darwin, contemporáneo de don Abraham Lincoln, sentenció alrededor de 1880, que: La progresiva degeneración de la especie humana se percibe claramente en que cada vez nos engañan personas con menos talento. Don Charles no era progresista, sino evolucionista. 

1 comentario en «La ley de Lincoln »

  1. Com sempre, Lucas, acertadíssim, coïncidixc plenament en tot lo que argumentes. També ho faç, com tu, basat en l’experiència meua del dia a dia com a docent en l’Universitat Politècnica de Valéncia.

    La «Llei de Lincoln», o la «sentència de Charles Darwin», son patrons que, desafortunadament, sempre se complixen en el devindre històric. Suponc que Arnold Toynbee s’inspiraria en ells per al seu «Study of History», sobre el creiximent, decadència i desintegracó de les societats i civilisacions.

    Ara estem a les portes de la desintegració d’Occident, és dir, de casi tot lo món, com també Ortega i Gasset va predir i ya escomençava a constar en els seus temps de vida. Uns síntomes clars d’eixa desintegració són, com descriu el professor Lucas Jódar en este artícul per a l’Universitat:
    1. Confusió entre autoritat i autoritarisme.
    2. La simplea del coneiximent com a sinònim de progrés.
    3. Confusió entre llibertat i irresponsabilitat.
    4. I més etcéteres que funcionen recolzades per una classe dirigent buròcrata que té, al Cap, a la CRUE, el pijor lobby de pressió de l’història d’Espanya.

    I ahí anem, cap a la desintegració social produïda per uns dirigents i uns ciutadans educats en la més clara mediocritat i irresponsabilitat social. És trist, pero aixina és. No obstant, gràcies una atra volta, Lucas, per recordar-nos-ho. ¿Tindrà açò solució? El temps ho dirà, i mentrimentres, les persones conscients i concients patirem estos mals en els nostres espirits.

    Joan Carles Micó

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