¿Por qué se enseña mal la economía y nos gobiernan peor?

La universidad pública se ajusta al Gobierno como el guante a la mano.

La realidad es compleja, en las ciencias humanas el todo es más que la
suma de las partes, nunca menos. La propaganda autoritaria sustituye la
parte por el todo. La excesiva segmentación y cuantificación del conocimiento
aleja de la realidad. Supuestas ciencias sociales, se han convertido en ficción y
palabrería. La economía que se enseña en la mayoría de facultades
públicas españolas (todas menos una de Madrid) es falsa porque se estudia
como si fuera una ciencia de la naturaleza, y es una actividad humana. El
sociólogo polaco-británico S. Andreski, lo explicó en 1972, en “Las ciencias
sociales como forma de brujería”. Las personas somos seres animados,
tenemos espíritu, nos movemos por emociones más que por la razón, no
somos predecibles, tenemos libre albedrio. La economía es más psicología que
física. Hay que entender cómo y por qué actúa la persona para entender
economía.


El enfoque austríaco de la economía es el que enseña lo apropiado. No se
puede enseñar bien si se enseña como la física, que es lo que se hace. Yo
también lo he hecho, porque tienes que ponerte de acuerdo con muchos
compañeros, y en la universidad pública la opinión de dos ignorantes
derriba la de un sabio. Una de las consecuencias de “lo público” es que todos
tenemos que hacer lo mismo. La igualdad antes que la libertad, garantiza
mediocridad. Es la consecuencia de lo que llaman “el gobierno democrático”
de la universidad, un lugar donde no se debería votar casi nada y se vota casi
todo.


El tiempo de las personas es su vida, gestionar nuestro tiempo es hacerlo
con nuestra vida. Debemos economizar el tiempo como todos los bienes
escasos, y tiene la peculiaridad de su irreversibilidad. No se puede recuperar
el tiempo invertido, ni seguir incrementándolo indefinidamente como se puede
hacer con otros bienes. El tiempo trascendente tiene repercusión en la
economía y la prosperidad de las personas como veremos.


Varias disfunciones mentales aparecen con el tratamiento de la variable tiempo.
La primera es la procrastinación (posponer deliberadamente tareas
importantes pendientes a pesar de tener la oportunidad de llevarlas a
cabo), el crecimiento del tiempo indefinidamente sin tomar una decisión. La
persona procrastinadora obedece bien pero no puede dirigir nada. Es una
actitud mental cuyo daño por indecisión lo pagan los demás. Cuando el
procrastinador tiene que decidir al límite, se deja influenciar por terceros.
Son perfeccionistas, memoriones más que inteligentes, buenos segundones,
no líderes.


El segundo caso no tiene nombre, que yo sepa. así que tendré que
bautizarlo. Imaginen un problema muy extendido, como puede ser el
endeudamiento incontrolado, o el abuso de la métrica para evaluar
investigadores. Uno explica el daño de la actuación a las que conduce, a
otra persona afectada de esta disfunción, y te da la razón, pero sigue
cometiendo el error de persistir en la acción, y te contesta, hazlo tú, yo no

puedo. Las razones son comprensibles, discípulos que tienen que progresar,
proyectos que puedes perder. Portan grilletes que no pesan si no te mueves.
Cambiar significa ir contra corriente. Quién nunca ha luchado por una causa
obedece siempre, nunca innova.
Si algo se está haciendo mal, aunque lo haga mucha gente, no puedes
cambiar el principio, pero puedes cambiar el final, a partir del momento en
que conoces el daño, si corriges. Si procrastinas para seguir la corriente, no
porque ignores la solución, eres un cobarde. La raíz de esta conducta es la
identificación de la verdad con la opinión de la mayoría, típico de
organizaciones sin libertad donde todo se manejan por votaciones, o por
miedo, más propias del sector público. Ambas patologías (procrastinación
por inseguridad o cobardía) son frecuentes en altos cargos. Nos gobiernan
enfermos, cobardes y traidores. El daño es irreparable. En el mundo financiero
privado también ocurre, aquí por contagio, se llega a la creencia “too big to fail”.
(Tanta gente no puede estar equivocada). Hasta que explota la crisis.
Entonces, si es corporación privada desaparece. El daño puede causar crisis
mundiales. En el sector público el mal puede durar hasta que una catástrofe
obligue: rescate de Grecia en 2009, de España en 2012.


El tercer caso es típico de gobernantes arrogantes inmorales. No escuchan
críticas. Sin moral, no les importa lo que debe ser, sino lo que es. Esclavos
de ideología imperante, solo les interesa el poder que tienen ahora, no
conciben estar equivocados, viven fuera de la realidad, rodeados de
aduladores, y cuando estalle el problema, ellos ya no estarán. A este
último grupo pertenecen rectores de universidades públicas, algunos
consejeros delegados de corporaciones privadas, y gobernantes tiránicos.
Carecen de patriotismo, que es querer que el país no empeore para los
que vendrán después de nosotros, continuidad sin empeorar, eso es ser
patriota. Nada de extremismos inventados.


Lo que las personas valoramos más es que nos presten atención libremente,
que nos den su tiempo, que nos escuchen. La vida es tiempo, la libertad es
tiempo disponible, la muerte es el fin de nuestro tiempo. Ser rico es tener
tiempo para dedicarlo a que nos gusta. El inteligente sabe llenar el tiempo. El
aburrimiento voluntario es creativo, es vigilia. Es bueno que los niños se
aburran a veces para que exploren por donde puede canalizar su creatividad.
El presente es cierto, el futuro incierto, vale más un caramelo ahora que un
caramelo mañana. La economía valora lo que cuesta hoy tener dinero más
tarde. Si el tipo de interés nominal anual es r>0, tener un euro dentro de una
semana cuesta hoy menos de un euro. Es decir, el tiempo no es gratis. El
salario que percibimos es lo que nos paga (pactado) otra persona (contratante)
por dedicar nuestro tiempo a hacer lo que el contratante quiere que haga.
Un padre hace a sus dos hijos A y B, de 9 y 10 años, respectivamente, la
siguiente oferta: ¿Qué prefieres un caramelo ahora o dos la semana que
viene? Si A elige un caramelo ahora, y B elige dos la semana que viene,
significa que B es capaz de sacrificar el consumo del caramelo ahora, posponer
el consumo para consumir después más. Nótese que ambos viven el mismo

ambiente, por familia y edad. Este detalle seguramente pronostica que al niño
B le espera mayor prosperidad que al niño A. El tiempo como categoría de
la acción es un factor relevante. El carpe diem, vivir al día, aprovechar el
momento, es una postura insensata de los jóvenes, justo lo contrario de lo
que les vende hoy la cultura woke. En la Edad Media vivían pocos años, no
tenía mucho sentido ahorrar, posponer el consumo, la seguridad ante
invasiones y plagas, escasa. Hoy la situación es diferente en cuanto a la
gestión del tiempo, porque el tiempo de vida se ha dilatado mucho.
La preferencia temporal de las personas determina su futuro, en la medida
que cambiemos bienes presentes por bienes futuros, es decir que seamos
capaces de ahorrar, de capitalizar inversiones. Las sociedades más prósperas
históricamente han sido aquellas cuya cultura les posibilita privarse de
consumir, ahorrar e invertir de forma capitalista ese ahorro y por tanto disponer
de más bienes en el futuro. Requiere un sacrificio temporal, privarse de
consumir para ahorrar. Menos satisfacción hoy para más satisfacción mañana.
Una sociedad moderna se civiliza en la medida que baja su preferencia
temporal, cuando piensa a largo plazo.


Nadie debe sustituir a los padres en la educación de sus hijos, y la gestión del
tiempo es importante. La religión es favorable. Tiene que ver con la gestión del
tiempo, y varia de unas a otras religiones, vivir religiosamente implica lo
contrario del carpe diem, lo importante es trascendente, más allá de la vida.
Pero el adiestramiento en el sacrifico durante toda la vida favorece el retraso
del consumo, el ahorro, que es esencial para la buena gestión de la economía.
Las sociedades más prósperas son religiosas y no es por casualidad, el
sacrifico y la rectitud moral favorece la prosperidad económica.
El socialismo no busca la prosperidad económica de los ciudadanos, quiere
que seamos dependientes del Estado, por eso no quiere ninguna religión.
Aparte del tiempo, es importante la ética, el trabajo responsable, seriedad,
frugalidad. El respeto de la propiedad privada es un factor de desarrollo
fundamental porque facilita que la gente piense a largo plazo. Los impuestos
de sucesiones son muy negativos. Valores éticos, seguridad jurídica, son
esenciales. En los países prósperos la gente es honrada, la justicia funciona.
Los países pobres son pícaros normalmente. Todas estas condiciones
deben estar combinadas. Eso es el capitalismo sano, los ahorros se invierten
de la mejor forma posible. Se requiere mercado libre, bolsa de valores,
fiscalidad baja. La religión enseña a reprimir el instinto e invita a llevar una
vida frugal hasta el último día de nuestra vida. Los dogmas de la religión
enseñan hábitos frugales del tiempo, costumbres sanas. Los pueblos que
siguen preceptos religiosos tienden a ir mejor.

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