Apología de la desigualdad

La educación pública adoctrina en socialismo por ausencia de contenidos liberales.

Nacemos iguales y la educación nos diferencia. La utópica igualdad es faro de comunistas desde que hay comercio y prosperidad. Primero dividen a la población y luego se postulan como salvadores de victimizados, naturales o inventados. Cuando alcanzan el poder cambian las leyes y controlan la población adoctrinando desde niños. Lo único que cambia con el tiempo es que la propaganda y los contenidos educativos sustituyen a la fuerza, en la privación de la libertad.  Los necesitados merecen ser atendidos pero todos deben esforzarse. Baruch Spinoza (1632-1677) nos enseñó el camino: Lo mejor que puede hacer una persona es buscar su propio interés, arriesgándose. Adam Smith (1723-1790) mostró que el propio interés es un objetivo moral, es cooperativo y compatible con el interés de los demás. El comercio no es un juego de suma cero, de ganadores y perdedores, sino que ambos ganan, intercambiando un bien o servicio a un precio pactado. Los humanos valoramos lo escaso, despreciamos lo que abunda. Debemos tener libertad para elegir. La propiedad nos da libertad, aunque nos la menguan con impuestos.  El emprendedor debe diferenciarse para tener nicho de mercado. No debemos buscar igualdad sino la diferencia que atraiga al cliente, al espectador, de nuestro bien o servicio. La única igualdad deseable es ante la ley, y no la tenemos. La igualdad de propiedad motivaría inacción, pereza, porque no habría beneficio, es garantía de miseria. Ya lo dijo T. Veblen (1857-1929), en su “Teoría de la clase ociosa”: los humanos imitamos a los que están mejor que nosotros, nos esforzamos si mejoramos, e intentándolo innovamos. En una igualdad absoluta nadie se esforzará. Excesivos impuestos reducen actividad económica porque eliminan el beneficio. Tampoco hay igualdad de oportunidades sin esfuerzo. La igualdad de derechos humanos se consigue sin imposición, porque ésta produce totalitarismos.  Favoreciendo el emprendimiento, la desigualdad, el comercio, se consigue más igualdad porque hay más actividad económica y más empleo. No se puede buscar igualdad si no se ha generado antes riqueza. Es una paradoja, como lo es que si gastas en defensa, tendrás más paz porque no se atreverán a atacarte. Todas las personas tienen que esforzarse por su prosperidad. Si lo intentamos, seguramente algunos fracasarán y habrá que levantarse e intentarlo de nuevo. Para ello necesitamos una buena educación que aprecie el riesgo y el esfuerzo. El suspenso académico, por exigencia, es formativo, como la derrota deportiva ante un adversario superior, preparan para las adversidades de la vida.  Nada es gratis, ni hay beneficio sin riesgo . No es posible identificar el talento y aprovecharlo sin arriesgar y exigir esfuerzo. La maquinaria igualitaria ha convertido la instrucción pública en un rebaño. Los alumnos con capacidades son desperdiciados, convertidos en obedientes conducidos por profesores que evitan cualquier desafío. No hay disenso constructivo si el disidente es perseguido. Hace tiempo que los gobiernos de instituciones públicas, universidades, facultades, institutos de secundaria, no buscan excelencia, ni el bien del país, ni de los alumnos. ¿Qué buscan? sus votos. El profesor medio busca la comodidad, huye de cualquier desafío que comprometa. Los alumnos adoctrinados en la enseñanza media con una instrucción que victimiza: el profesor es un obstáculo, que hay que “reblandecer” coaccionándolo con encuestas del profesorado. La exigencia se debilita, los títulos no emplean por exceso de titulados .  El igualitarismo, la obediencia y la corrección política socialista es la norma. El separatismo disfrazado por artimañas lingüísticas se propaga adoctrinando a los estudiantes, también en igualdad e ideología de género . Los profesores no exigen y los alumnos no quieren esforzarse. Jóvenes desentrenados en el riesgo, profesores obligados a la corrección política porque se persigue al disidente. La instrucción pública española sin exigencia, sin riesgo y sin crítica menguará. La investigación sin riesgo no puede comercializarse, nadie pagará por el resultado porque no satisface necesidades. España innova poco porque la universidad uniformiza y no arriesga. No hay innovadores porque alumnos y profesores huyen del riesgo. España fue imperio porque innovaba, ahora somos irrelevantes porque huimos del riesgo. El empleo público y la deuda crece; el privado mengua porque contratar es caro. Es urgente reducir gasto público, y bajar impuestos. 

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