Universidad tóxica

En la universidad pública el gerente está al servicio del rector, no del profesorado.

La excelencia, según Aristóteles, es el hábito de hacer las cosas bien. Una organización excelente se caracteriza por estar animada de una misión clara, unos miembros con sentido de pertenencia, motivados y capaces, que comparten la misión, y una buena organización que favorece la cooperación entre sus miembros. La misión la

generan unos principios (definidos por un líder pasado o presente), capaces de transmitir la ilusión a sus miembros. La organización debería evitar choques entre sus miembros, y lograr la satisfacción de los destinatarios de su actividad o servicio, lo que garantizará su sostenibilidad.

¿Cuál es la misión de la universidad pública española (UP)?, ¿qué sentido de pertenencia y qué destino común comparten sus miembros?, ¿qué modelo organizativo la regula? Los destinatarios directos del servicio son los alumnos, que desean tener un título que les permita vivir bien, cuando acaben sus estudios, si alguien los contrata. No es fácil que su aspiración se cumpla, por el elevado paro, casi el doble de los países avanzados, y con unos salarios bajos por sobreoferta de titulados.

¿Qué sentido de pertenencia tienen los empleados de la UP y qué misión común comparten? Pertenecer al cuerpo de funcionarios del Estado, nada más. Los incentivos de un miembro de administración y servicios (PAS) se han desviado en dirección contraria a los del personal docente e investigador (PDI), porque en lugar de estar al servicio del PDI, el PAS se ha transformado, por orientación de su jefe, el gerente, en un cuerpo que desconfía por sistema del PDI, fiscaliza buscando dobles o triples verificaciones, a cargo del tiempo del PDI. La intersección de actividades de PAS y PDI se ha convertido en las dos últimas décadas, en puro conflicto.

La interpretación de la absurda ley de contratos del gobierno Rajoy; la obsolescencia (catorce años sin actualizar) de los criterios de indemnización en comisiones de servicios del PDI y la intromisión del gerente en la actividad del PDI, ha convertido la UP en una institución tóxica, burocratizada hasta la nausea, basada en la desconfianza ejecutiva y hegemónica de los contables y fiscalizadores.

El PDI tiene que demostrar, con su tiempo, que no es un delincuente, en cada paso que da, para facilitar al máximo, las obligaciones de gerencia con supuestos auditores públicos. Sin embargo, los gastos de imagen del rector, celebraciones de absurdos aniversarios, compras de rankings, nombramientos honoris causa, asombran a cualquier observador crítico. El gerente está al servicio del rector.

El hartazgo del PDI es tal que hay una creciente proporción que decide la inactividad para evitar estrés administrativo y que no le metan la mano en el bolsillo, al realizar el trabajo ordinario. ¿Qué incentivo puede tener un PDI que ha llegado a su nivel máximo?.

El desgobierno de la UP merecería una película de Berlanga. La toma de decisiones burocratizada en infinidad de reuniones inútiles donde la crítica no existe porque al que no es dócil se le castiga. Mínima cooperación entre sus miembros, que comparten poco, se ilusionan menos, y no quieren arriesgar nada. El absurdo es tan descomunal, que cuando sobra gente en un lugar y falta en otro, nadie toma la decisión adecuada, no sea caso que se pierdan votos, para los interesados en algún carguillo. Entonces, al gerente ni se le ve ni se le espera, pero tampoco al rector. Si hay una excedencia se repone o no, según el servicio afectado, esté dirigido por un sumiso o un crítico. La disfunción puede durar nueve meses, por ahora.

Ejemplo de organización excelente está Apple, a nivel mundial, Inditex en España. Son entidades privadas, que no se rigen por criterios políticos. ¿Por qué hay que elegir por votación a los rectores? Otras organizaciones públicas complejas como aeropuertos, no eligen por votación al gestor. Las mejores universidades del mundo son privadas. ¿Quién toma una medida necesaria en la UP que pueda disgustar a los votantes? Si no se eligieran por votación los rectores, la UP funcionaría mejor. La democracia no es la forma óptima de gobierno, ni de una familia, ni de una empresa, ni de una universidad. Sobran los rectores. Sólo necesitamos buenos gestores profesionales, al servicio de la comunidad.

Artículo publicado en Las Provincias

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