No es lo mismo, lo que ocurre, que lo que se dice que ocurre.
Lucas Jódar
Los dictadores, ya sean en dictaduras o dictablandas no podrían hacer nada
sin millones de cooperantes. La verdad se corrompe tanto con la mentira como
con el silencio. El mal existe, pero para conocerlo sus víctimas, primero hay
que nombrarlo, y después denunciarlo y hacer que se conozca. Derrochar
gasto público para comprar voluntades es antipatriota, no eliminar lo que sobra
también. Rectores, obispos, militares, sindicalistas, funcionarios, periodistas,
sostienen al dictador con diferentes herramientas, actuando o callando.
La brújula, el saber a dónde uno va, y cuál es su papel en el mundo, y para qué
sirve su vida, si se aprovecha o se tira, está perdida, cuando no sabe cuál es
su apego de identidad. Lo fácil es obedecer a quien se considera superior. La
verdad no es lo que dice ninguna mayoría. Seguir la corriente es el camino
cobarde, pero en una sociedad desquiciada y arruinada, ese role es
culpable y cómplice criminal, de traición a su país, a sus prójimos presentes y
futuros.
El gobierno presume, para comprar a los científicos, de estar del lado de la
ciencia, pero uno no entiende el silencio científico, cuando la prueba del
carbono 14 permite saber la edad de un objeto de miles de años, y no se
“quiere” saber la edad de una persona inmigrante irregular, cuando la edad
es determinante para culpar penalmente a una persona. Los que apelan
tanto a la ciencia para el cambio climático, contagios de enfermedades,
inundaciones por lluvias, incendios, apagones, o cualquier coartada, y permiten
ignorar que eso tiene responsabilidad criminal de un gobierno, que abre las
puertas a miles de inmigrantes irregulares, o trata de beneficiarse de
catástrofes naturales culpando a adversarios políticos.
Nadie averigua si el inmigrante ilegal es mayor de edad, tiene enfermedad
contagiosa, puede ser terrorista, o criminal en serie. Nadie averigua nada,
muchos borregos cobran en especie, unos vestidos con sotana o uniforme,
otros con birrete o levita funcionarial. Hay siempre borregos cooperantes con
el poder, que opinan que el disidente es una persona desgraciada porque
se queja. Su nivel moral es tan subterráneo que incluso justifican que sus hijos
tengan que emigrar para ganarse la vida. Su esclava visión, no se plantea que
un país cuando esto ocurre y su balido se transforma, en que, como sus hijos
son muy inteligentes emigran. El PP tiene cientos de miles de estos tibios anti-
patriotas, que ignoran aunque no voten al PSOE, son involuntarios cooperantes
del socialismo.
El director técnico de la Vuelta a España, Kiko García, dice que los
responsables del equipo ciclista Israel-Premier Tech acosado y amenazado,
deben saber que su presencia no garantiza la seguridad del resto de
equipos. Es lo mismo que decirles a los españoles amenazados de extorsión
por ETA, que, por la seguridad de todos, se vayan del país vasco. Se fueron
200.000, exiliados dentro de España, garantizando el triunfo de los
blanqueados de ETA y fariseos del PNV para largo, hasta que hundan su zona,
donde no podrían pagar “sus pensionistas” si fuesen independientes. Hace
falta ser cobarde para defender esta cooperación con los terroristas
aceptando la exclusión del equipo ciclista internacional de patrón israelí.
Ha ocurrido en el país vasco, donde no hay libertad ni para opinar en la
calle, ni para votar. Hasta han amenazado a futbolistas vascos por marcar
goles con la selección española de fútbol, poniéndoles pintadas en su pueblo
natal, a Merino y Oyarzabal. ¿Se cuestiona a deportistas venezolanos,
nicaragüenses o cubanos en competiciones? No soy partidario de culpar a
empresas privadas o deportistas individuales, menos aún, por qué israelíes si,
y de países comunistas no. Los borregos tendrán que explicar su posición. Se
atribuyen superioridad moral siempre cuando carecen de toda ética dividiendo
a la población y engañándola. Y no digamos la aberrante ley de odio propia de
añejas dictaduras.
A la claudicación ante ETA, a la entrega de las instituciones a los terroristas
blanqueados, le llaman los socialistas acabar con el terrorismo. Ya
comprueban como acaban con el problema de vivienda, aboliendo el derecho
de propiedad privada, permitiendo la ocupación. Un caso equivalente sería
culpar a la niña de 14 años violada por una mena marroquí (que habitaba en
centro de “primera acogida” en Hortaleza) por ir sola por la calle. El autor del
crimen tiene más de 20 años, porque ya tenía varios antecedentes de
agresiones y violación, en Bilbao, años atrás cuando también era mena. El
delegado socialista del gobierno en Madrid prohíbe manifestación de
protesta en Hortaleza, por la violación de la niña de 14 años, prohíbe la
libertad y la dignidad y defiende el silencio de la población. Apología del
silencio de los borregos, que es lo que quiere que seamos el socialismo traidor
que nos gobierna. Ese criminal nos cuesta más de 62.000€ al año, y lleva
varios años cometiendo crímenes graves protegido por los gobernantes.
¿Y cómo ese marroquí se ha desplazado de Bilbao a Madrid, qué control hay
de estos personajes peligrosos? Preguntar debe ser fascista, y para muchos
españoles que callan de tantas cosas, parece que prefieren consentir el crimen
para que no le llamen fascista por denunciarlo.
Para robar hay que gastar, dice el manual de la corrupción. Quien no arriesga
comprando no puede esperar beneficio. La propiedad es el instrumento de la
libertad. Quien no elimina lo superfluo carecerá de lo necesario, dice el sentido
común. Una de las falacias características de los gestores públicos socialistas y
los grandes sindicatos es que mejorar es gastar más (el dinero de nuestros
impuestos y deuda), que cuanto más se gasta más se hace por abordar
cualquier problema, y que nunca hay problema para gastar, la deuda no
importa lo grande que sea, porque subiendo impuestos se llega a todo, hasta
que tienen que rescatarnos, entonces nos hacen pagar más impuestos, menos
ingresos y peores servicios públicos.
Para justificar la financiación asimétrica de Cataluña, es decir, la desigualdad
flagrante, nos dice los estafadores del gobierno, que no se explican como la
comunidad valenciana no acepta que le quiten deuda. Pero la deuda no
desaparece, se reparte y aumenta la deuda pública del Estado. ¿Y si es tan
bueno, por qué no lo hacían antes? El socialismo no entiende que no existe
dinero el público, sino el privado que se saquea a los españoles con los
impuestos. Y cuanta más deuda haya, más impuestos y peores servicios
tendrán las generaciones futuras, y nosotros mismos cuando nos rescaten.
El que suscribe tiene la costumbre de leer el País, y escuchar la SER y RNE,
además de otras, que tan masoquista no soy. Son como tres pastillas de
desinformación diarias que me permiten asombrarme cada día de cómo no nos
hemos rebelado ya contra tanto canalla, traidor y mercenario por un sueldo,
cargo o subvención, se ponen el uniforme cada día para desinformar y
engañar. No hay límites, cualquier noticia sirve para apoyar lo que quiere el
gobierno, o para atacar lo que llaman la extrema derecha.
Se ha llegado a la hegemonía cultural que postulaba Gramsci, su apropiación
a través de la educación, actores escénicos y musicales, escritores, y los
medios de comunicación (todos suavizados con millones de subvenciones),
para alcanzar el poder, o perpetuarse en él, sin usar la fuerza, previamente
maniatando al ejército, poniendo en las cúpulas a los más fieles, a los que
ya se han encargado de ascender oportunamente. La hegemonía es grande
pero no completa, un país que ha sido imperio todavía tiene un puñado de
valientes con agallas e inteligencia para no entregarse a una dictadura. Los
votantes forofos tienen que cooperar también, si no, la solución será violenta
más tarde, cuando los jóvenes se rebelen. Por ahora, las subvenciones,
bonos culturales y de transporte, y mínimos vitales, los entretienen sin
futuro, sin trabajo digno, sin vivienda, pero con botellón. Cada día, 1.100
titulados universitarios emigran.
Los medios de comunicación oficiales, los privados subvencionados, y los
empleados públicos que sin apego patriótico alguno, se dedican a obedecer a
los que gobiernan, callando las perversiones del gobierno, o balando contra los
que le critican. Millones de lobos con piel de borrego, que balan o callan según
le convenga al gran dictador, serán recompensados con el dinero que nos
quitan, este si, por la fuerza, de los impuestos. El criterio de los borregos para
balar o callar siempre es el mismo. Se calla el caso que se quiere minimizar
porque quiere hacerse creer que es un hecho aislado, y se magnifica otro
irreal repitiéndolo mil veces en todas partes. Goebbels y Maquiavelo,
triunfan.
Es la técnica de Goebbels, porque los que tienen el poder de los medios,
invitan a hablar solo a partidarios de lo que se quiere defender. Se silencia la
violación en Hortaleza (Madrid) de una niña de 14 años a manos de un
marroquí “mena” de más de 20 hasta con historial delictivo. Pero hay casos
todos los días en otros lugares, observables en el diario La Gaceta. Se
silencia Venezuela, pero cada día tenemos letanías de Gaza, Trump o
acusaciones a la “extrema derecha” por apelar al sentido común y los intereses
españoles. Son acusados de inventada xenofobia, o multas por leyes
dictatoriales de odio, o por financiarse en campañas electorales por medios
absurdamente prohibidos.
Hay ejemplos recientes y flagrantes. Todos los días, en todos los informativos,
nos cuentan los muertos en Gaza, como asesinatos, genocidio, enviados
especiales de la cadena SER y RNE a Gaza, entrevistando a personas que
coinciden con la opinión que se quiere defender. Nunca aparece ningún
disidente, discrepante de la opinión que quiere venderse como “verdad”.
Ninguna alusión al hecho desencadenante del pogromo (masacre de judíos) de
Hamás del 7 de octubre de 2024. Me llama la atención el silencio absoluto
del caso de Venezuela, donde 7 millones de venezolanos han huido del país,
y nadie sabe cuántos asesinados, torturados y encarcelados. Silencio absoluto
y sepulcral en los medios oficialistas. Ni la SER ni RNE, TVE, envían
corresponsales a hacer programas para difundir lo que ocurre en Gaza, aunque
hay 7 millones de venezolanos exiliados refugiados, muchos en España. Los
medios ni van a Venezuela, ni dicen una palabra del fraude electoral, de la
brutal represión. El expresidente Zapatero, asesor a sueldo del dictador
caribeño, confesó que no podía opinar sobre las elecciones venezolanas por su
papel de mediador. Opinar no, pero lucrarse sí que sabe.
Los borregos no son solo personas, también hay organizaciones,
supuestamente benefactoras, realmente buscadoras de euros, como la
Conferencia Episcopal Española y ONG como Caritas, Cruz Roja, Open Arms
(ONG financiada por Soros), que cobran millones para acercar a
inmigrantes ilegales. El gobierno no tiene problemas para gastar (nos
endeuda 195 millones diarios en los consejos de ministros de los martes)
y paga 62.000€ anuales por mena de “20 años reales”, encerrados con total
libertad, en centros de acogida, con total ausencia de formación, sueltos en las
calles atemorizan a los barrios donde se ubican, con frecuentes hurtos,
agresiones y violaciones. Para personas en exuberancia física procedentes de
cultura con mujeres tapadas y en España enseñan el cuerpo, para ellos es una
provocación.
Los intereses del gobierno no son humanitarios, sino eliminar la familia
tradicional que no depende estado, y sobre todo electorales, el voto de los
inmigrantes ilegales que una vez legalizados votan en elecciones
municipales, a quien les abre la puerta. El gasto anual por cada mena podría
ser gastado en tres ancianos desatendidos en una ley de dependencia sin
recursos. El gran culpable de todos los errores e incompetencias del gobierno
es el “cambio climático”, y después el “científico” efecto de la extrema
derecha. ¿Cómo puede haber tanto tonto o canalla que vote a tales individuos?
Quien discrepa de tanto borrego es acusable de odio, de fascista por defender
la verdad, el sentido común, y denunciar a los culpables. Sin ley, orden, sentido
común, nadie nos salvará. ¿Quién salvará a los españoles ante tanto
traidor, cobarde e indiferente?
El cambio climático no, tal vez el cambio democrático, pero no gallego, por
favor.
En acort en Lucas Jédar, si els gregaris s’apoderen de les institucions, la societat se desintegra i acaba per disoldre’s. Falta la gran revolució en Espanya: que els millors ocupen els puestos de responsabilitat. I això també val per a l’Universitat Espanyola.
Salut i avant,
Joan Carles Micó