Hay que tener mucho cuidado con los incentivos.
Que las buenas intenciones pueden conducir a malos resultados todos lo
hemos contemplado, pero también abunda el “too big to fail” , demasiado
grande para fallar, demasiada gente para estar equivocada. El efecto “borrego”
de obedecer sin atender a las críticas produce catástrofes por no escuchar a
los críticos que son como centinelas que advierten de errores, y no suelen ser
escuchados. En el sector privado produce desaparición de grandes
corporaciones, donde se han ocultado disfunciones. En el sector público es
mucho más abundante, tanto la mentira como las malas intenciones, que van
dirigidas a la compra del voto, sin escuchar a nadie porque manejan el dinero
ajeno. Una superpotencia militar puede tener excusa de sobregasto, pero en
otro caso, como Francia, Italia, España o Bélgica, el sobre endeudamiento y
descontrol de gasto público, puede llevar a grandes disfunciones.
Los humanos nos movemos por incentivos, pero hay que tener cuidado con
los métodos de evaluación para no estimular excesivamente tendencias que
favorezcan un resultado contrario al esperado. Los humanos somos
inteligentes pero llenos de pasiones insanas y debilidades, que no
debemos despertar con los incentivos. Los gobernantes deberían tener cuidado
en no estimular los pecados capitales que decía el catecismo cuando se
estudiaba. De las tentaciones del dinero o del sexo pocos humanos se libran, y
todo incentivo debería cuidar que los evaluados o estimulados no puedan
caer en estas tentaciones.
En 1975, el sociólogo Donald T. Campbell, enunció la ley que lleva su
nombre, ley de Campbell, que dice cualquier evaluación cuantitativa de
personas degenerará y obtendrá resultados contrarios a los buscados.
Los sistemas de castigo recompensa en base a cantidades producidas produce
efectos dañinos porque las personas buscan atajos, se saltan las barreras
éticas para producir mejores resultados y así obtener mejor recompensa.
Esto sucede porque los incentivos están mal diseñados, deben alejarse de
cantidades y evitar que se puedan tomar atajos.
Desde hace dos décadas aproximadamente, la evaluación de la
investigación en las universidades españolas se produce por cantidades
de publicaciones, con lo que los rectores presumen de ranquin y los
investigadores se promocionan. Se producen montañas que conocimiento
fungible pero los catedráticos se han multiplicado, hasta el punto de que
hay facultades con un 40% de catedráticos. Hay un país sudamericano
donde por cada publicación el profesor/investigador percibe mayor salario. La
consecuencia es que, para garantizarse la publicación, no se arriesga en el
tema de investigación (para que salgan resultados y cobrar más). La
investigación resultante es fungible, solo vale para obtener más recompensa.
Las universidades españolas se financian en parte por la cantidad de
titulados que produce, el número de egresados. Para recibir más fondos los
rectorados facilitan el éxito de más titulados bajando el nivel de exigencia.
Esto ocurre ininterrumpidamente desde que empecé a trabajar en la
universidad en septiembre del 1978. Este hecho junto con la subvención del
80% del coste de la formación universitaria pública, produce una inflación de
titulados universitarios, y por ello el título vale menos, se paga peor, e incluso
cada día 1.100 titulados universitarios españoles tienen que emigrar, entre ellos
médicos que son necesarios y son muy costosos de formar.
Durante la ocupación británica de la India a finales del siglo XIX hubo una plaga
de serpientes cobra y los gobernantes británicos promulgaron una ley de
recompensa para erradicar las serpientes cobra y toda persona que trajera
una cobra muerta recibiría un pago. La idea parecía buena para erradicar la
plaga, y parecía más barato que formar a una división del ejército británico
dedicada a erradicar las serpientes.
Pero el plan no funcionó porque el incentivo fue tan estimulante que la
gente se dedicó a criar cobras en cautiverio para luego matarlas y cobrar
más recompensas. La población de serpientes se multiplicó, dejaban de
trabajar y se dedicaba a criar serpientes. Cuando se enteró el gobernante,
enfurecido, dejó de pagar por las capturas, y entonces como ya no valían nada,
los criadores de cobras las soltaron e inundaron de cobras el territorio,
obteniendo el efecto contrario. En 1902 en Vietnam, los gobernantes
franceses hicieron algo parecido con las ratas.
Los jabalís son muy peligrosos y comen de todo. Una persona aislada puede
ser devorada en minutos por una manada de pocos jabalís. Estos días de final
de 2025, la Generalitat Valenciana, para combatir el exceso de jabalís, ha
ofrecido 40€ por cada jabalí muerto que se presente. Dentro de poco ya
verán cómo se multiplicará la población de jabalís, muchas personas dejarán
de trabajar y criará jabalís. La Generalitat gastará millones, y los casos citados
anteriormente, de India, Vietnam, presagian que inútilmente y que el problema
se agravará. No se entiende que en estas instituciones no haya asesores
que alerten del “efecto cobra” siendo bastante conocido y reiterado.
Luego veremos por qué los malos políticos abundan, y como la manera de
elegirlos anticipa el resultado.
Hay lugares en la administración pública donde la aplicación del llamado
principio de planificación por el que hay que ejecutar todo el presupuesto,
porque si no te lo gastas, al año siguiente recibirán menos. De este modo un
principio que parece sano se convierte en negativo porque se derrocha
presupuesto innecesario gastando en productos superfluos o más caros.
En sentido contrario, el Gobierno Sánchez, no ha gastado este año 2025 más
de 35.000 millones de los fondos Next Generation que podrían haberse
invertido en recuperar miles de pymes obligadas a cerrar en pandemia.
¿Por qué no se ha hecho? Porque el gobierno Sánchez sabe que los
autónomos no le votan, la prioridad no es la prosperidad de todos los
españoles, sino solo de los que les votan. Como piensa que los autónomos y
emprendedores no le votan, pues no ayudan a las pymes y autónomos.
Palo a quien no me vota y zanahorias a los que obedecen.
Los atajos que buscaban los criadores de cobras en la India a finales del siglo
XIX, o de ratas en Vietnam a principios del siglo XX, ahora serán buscados por
los criadores de jabalís en nuestra comunidad. No se han dado detalles del
tamaño del jabalí para recibir la recompensa. Si el jabalí es adulto, criarlo en
cautiverio cuesta más de 40 euros, pero si no han puesto la condición de
“mayor de cierto peso o tamaño” se obtendrá el efecto contrario.
Los métodos de evaluación de investigadores en base a cantidades de
publicaciones, o de financiación de las universidades públicas por cantidades
de titulados que acaban (egresados), produce investigación desechable,
montañas de artículos que nadie lee y que solo sirven para la
autopromoción de profesores, y para la propaganda de rectores. No
escuchan, tachan de negacionistas a los críticos, porque manejan dinero ajeno,
pero llegaá el momento que los recursos fallen, como en la universidad
Complutense de Madrid, donde el derroche es elefantiásico, con un empleado
público por cada 6 alumnos.
Si se paran a pensar un poco, las elecciones, las votaciones es una
evaluación cuantitativa de personas, o partidos, en base a cantidades de
votos. Donald T. Campbell no pensaba en criticar el “método democrático”
cuando postuló su ley en 1975, más bien creo que la enunció pensando en la
crítica al secretario de Estado de EE. UU. Robert McNamara, elegido en 1961
para gestionar la guerra de Vietnam. McNamara evaluaba por la cantidad de
muertos del enemigo. Se inflaban las cantidades de muertos del enemigo. Los
generales del Pentágono demostraron que la guerra no se gana de esa
manera, sino cuando el enemigo deja de tener ganas de seguir peleando. El
secretario de estado fue sustituido, y enviado a presidir el Banco mundial.
McNamara tuvo la dignidad de reconocer sus errores en su autobiografía.
Está demostrado que el método democrático funciona regular, y los políticos
empeoran. ¿Qué atajo buscan los políticos o los forofos que les votan,
para que no se elijan a los mejores? Por supuesto la mentira, la ausencia de
moral, de preparación, de vocación de servicio de los candidatos. Los votantes
no son evaluados, son evaluadores, y si se ejerce de forofo, votando unas
siglas por motivos irracionales, difícilmente se puede acertar.
Hace tres décadas, asistí a un debate en mi universidad, organizado por
profesores que querían ser rectores y por rectores recientes de universidades
valencianas. En el turno de preguntas, pregunté:¿Si se elige al rector por
votación, cómo va a tomar un rector una decisión que convenga a la
universidad y que exija sacrificios necesarios a los que trabamos en ella?
Uno de los exrectores de la mesa me contestó, más o menos lo que dijo
Churchill,
que la democracia es el método menos malo de los conocidos. Pero es
falso. Yo no estoy de acuerdo con la respuesta del rector. La universidad no
debe regirse por votaciones porque la excelencia no está al alcance de todos, y
dos imbéciles vencen a un excelente. Los rectores sobran en la universidad
pública y podrían ser sustituidos por un gestor educativo que se dedicara con
un pequeño equipo a coordinar los aspectos educativos.
Ni la docencia ni la investigación en la universidad sirven para emplear
bien al estudiante que no quiere/puede ser empleado público. La
sustitución de la gestión por la politización obediente al gobierno de turno es
burocrática, ineficiente y derrochadora. El socialismo, que nunca ha dejado la
educación, aunque no gobernase, ha convertido la universidad pública en un
instrumento de obediencia y sumisión a la propaganda de rectores, lo que
equivale a decir al gobierno. Los rectores pueden no empezar siendo
socialistas, pero todos acaban siéndolo para recibir más recursos.
Campbell no lo pretendió, pero su ley anunciaba que, si la democracia se
reduce a votar a un personaje que puede ser un criminal, un psicópata o
un ladrón, donde la el servicio a los ciudadanos se puede sustituir por
apropiarse de los recursos del estado a la fuerza con impuestos excesivos, es
demasiado imperfecta, sobre todo si es un método de elección prescindible. Si
cada vez que se elige a alguien por cantidades de votos, se hiciera al contrario,
al que menos votos recibe, se acertaría más, pues los excelentes siempre
están entre las minorías.. Si se hiciera por sorteo como ocurría al principio
de los clásicos griegos, también sería mejor. La política en España se ha
convertido en una manera de servirse de los recursos que nos saquean a los
administrados.