Los límites del Estado según Tomás de Aquino

¿Quién nos librará de los tiranos españoles?

Un presidente que miente sin el menor reparo en ser descubierto, que gasta del
presupuesto público aparte del aparato fijo del Estado, contratando a 700
personas para producir elementos de propaganda a su favor y contra los
adversarios políticos, que nos endeuda a los españoles 200 millones de euros
diarios, y tiene en el banquillo a dos secretarios de organización, decenas
de altos cargos, hasta su esposa y su hermano, no se puede identificar al
presidente Sánchez como alguien que busque comportamientos morales
ejemplares, sino más bien todo lo contrario.
Sigue la huella de su lobista chino-venezolano y telonero de mitines, si el
mismo Zapatero que fue pillado in fraganti, el 13 de febrero de 2008, al término
de una entrevista en la SER por Iñaki Gabilondo, con el micrófono abierto
creyendo que estaba cerrado, y donde decía que a ellos lo que les interesaba
era la polarización, literalmente “nos conviene que haya tensión”. Y la
practican sin cesar contra Vox a los que no llaman por su nombre sino “extrema
derecha”.
Pues bien, ahora el presidente ha montado el observatorio contra el racismo
y la xenofobia, medirá la huella del odio y la polarización, para sancionar por
ejemplo a quién diga que la inmigración ilegal aumenta la delincuencia, lo que
es una evidencia para millones de españoles, contrastada con los datos
policiales. Este PSOE acusa a Vox de lo que ellos hacen, porque para sus
dirigentes quien no les obedece es un facha que crispa y odia. Está claro que
se saltan la Constitución cada día gastando sin presupuestos, legislando
sistemáticamente lo que es excepcional, el decreto ley, fomentando la
vulneración de la propiedad privada y la desigualdad ante la ley.
Las fuerzas armadas no nos preservan de quien quiebra la Constitución,
¿quién defiende a los españoles ante estos atropellos? ¿Vamos a dejar
que apliquen esta represión? Vox debería pedir socorro a Trump para que
se lleve al tándem diabólico con Maduro. España defiende el orden
internacional pero no respeta la propia Constitución española, así que esta
contradicción no sirve como argumento. Claro que defiende el “no a la guerra”.
Por dos razones, porque las fuerzas armadas españolas no tienen armas para
luchar ni contra Marruecos. El segundo motivo: que no venga Trump a llevarse
al tándem diabólico.
¿Tiene EE.UU pruebas de servir Zapatero al narcotráfico venezolano?
¿Qué saben los servicios secretos de Israel de Sánchez y sus relaciones
con Marruecos? Seguramente más de lo que se publica. El
desentendimiento español del Sahara y la carta que envió Sánchez el 14
de marzo del 2022 a Mohamed VI sin pasar por el Congreso es un asunto
muy opaco.No se trata solo de Sánchez, ahí tienen al lobista Zapatero quién se
dedica a cobrar comisiones de dictaduras y a quien seguimos pagándole de
nuestros impuestos escoltas y coches oficiales, además de su actividad
privada.

Hace también de telonero en las campañas del PSOE, y es el iniciador del
fomento de la crispación de los ciudadanos para potenciar electoralmente a
este PSOE, que no tiene nada de socialdemócrata. No parece que fuese
casualidad que llegó a la presidencia del gobierno después del atentado de
Atocha el 11 de marzo de 2004, cuyos autores intelectuales son desconocidos
después de hacer desaparecer pruebas como trenes enteros e inventar falsas
pruebas como la mochila con metralla que no se detectó en ninguno de los
heridos del atentado.
Al tándem diabólico Zapatero/Sánchez le debemos “logros morales” como la
entrega de las instituciones vascas a terroristas, la excarcelación de asesinos
etarras que se pasean agasajados por sus vecinos y la financiación a la carta a
cambio del apoyo político al tándem. Ante estas lindezas no debemos
extrañarnos de que las leyes de odio, de memoria histórica, de desigualdad
legal del varón frente a la mujer, de la ocupación violenta de la propiedad
privada, la compra de votos de 2,5 millones mínimos vitales, subvenciones,
bonos culturales y de transporte, a millones de españoles, no sean por otra
causa que la búsqueda de la excelencia moral y la virtud de la población, y
sobre todo de sus votantes.
La excelencia moral que dice perseguir Sánchez para prevenirnos de las
mentiras de las redes sociales no debe sorprendernos tampoco por el logro de
103.000 asesinatos gratuitos de españoles a los que no se les ha dejado
nacer y financiados con nuestros impuestos, en clínicas privadas si en las
públicas no se puede. La sanidad privada se utiliza solo para cooperar en la
muerte, pero no para aliviar las listas de espera cada día más saturadas
con la llegada de cientos de miles de inmigrantes ilegales, y menores no
acompañados que cuestan más de 6000 euros mensuales, cuando los
ancianos están abandonados con una ley de dependencia sin recursos, y las
listas de espera quirúrgicas cada vez más largas.
El tándem de ayatolas de la moral progresista, por la que nos quieren controlar.
Nos quitan la libertad, porque somos tontos y ellos que son listos nos dirán lo
que no debemos hacer. No hay más que mirarles la jeta para darse cuenta
cuánto amor destilan. La UE utiliza a Sánchez para salir a declarar contra
Trump, Milei, para que las consecuencias las paguemos los españoles. El
desconcierto de la UE ha llegado hasta el punto de que doña Úrsula sale un
día diciendo que no hay que derramar lágrimas por los ayatolas iranís y al día
siguiente el comunista Costa defiende el “orden internacional”, es decir,
hacer lo que quiere China.
La tentación autoritaria de quien deposita el poder ha sido históricamente
grande y no es extraño que desde siempre los pensadores le hayan prestado
atención. El autoritarismo absoluto sucede cuando en el príncipe (gobernante
material) también es el depositario de la autoridad moral, como es el caso de
Irán. Tenemos también el modelo chino donde sin hablar claramente de moral,
el que no hace lo que el dictador quiere (todos son vigilados) es enviado a
campos de trabajo para reformar su comportamiento. En los gobiernos
occidentales la religión y el Estado

están teóricamente separados, aunque en la práctica hay dependencia
económica de los representantes de la religión a los del Estado.
Como la Conferencia Episcopal Española (CEE) sale a defender a Sánchez,
volveremos a recomendar que estudien a Tomás de Aquino, el santo se dedicó
a este tema de los límites de la moral y del Estado, y escribió hace cuatro
siglos “El tratado del gobierno de los príncipes”. La moral católica insiste en
que la lucha moral reside en la voluntad que puede convertir los pensamientos
en actos. Pensar, sentir, nunca es delito, actuar puede serlo, o no. Limitar la
capacidad de expresión es totalitario y tiránico. El pecado no reside en la
tentación sino en la aceptación por la voluntad de esta. Penalizar por ley la
mera aparición de pensamientos impulsos u opiniones es un exceso, una
intromisión indebida del Estado en el interior de la persona.
Tomás de Aquino dice que la ley civil solo puede exigir lo mínimo necesario
para que la sociedad funcione, pero no intentar hacer virtuosos a todos por la
fuerza. La ley humana juzga actos no directamente las pasiones del alma. De
ahí que lo correcto es castigar acciones injustas, pero no el odio en si. Si
robamos o matamos a alguien si es asunto civil, que afecta al poder político.
Una cosa es el pecado y otra el quebrantamiento de la ley. El poder político
se excede si juzga las pasiones, sentimientos u opiniones, solo debe
juzgar los actos. El pecado es un asunto espiritual y el delito es un asunto
político, jurídico, del Estado.
Para Tomás de Aquino, la intromisión del Estado en los asuntos espirituales es
un exceso que se convierte en una policía de la conciencia. Para Tomás de
Aquino, la función del príncipe (gobernante) no es controlar pensamientos,
administrar emociones o buscar la perfección moral de los individuos. Cuando
el poder político excede estos límites entra en la esfera de la tiranía. El
poder político debe ser prudente y no intentar hacer a la población “correcta”.
La función del poder político es preservar el orden y permitir un progreso
gradual hacia la virtud. Para Tomás de Aquino tolerar ciertos males no
significa aprobarlos, sino reconocer los límites de la ley humana y evitar que
intentar imponer un bien total produzca un desorden mayor o tiranía.
El progresismo internacional es un falso puritanismo moral con
pretensiones totalitarias y tiránicas, atentando contra el bien común a favor de
intereses particulares. Desde Europa es un intento de lograr el control de la
población como hace China, para perpetuarse en el poder, o como hace la
policía de la moral de los ayatolas en Irán. Tanto la UE, como Sánchez tiene
motivos para defender el orden internacional, es decir, a Irán. Sueñan con una
policía de la moral progresista como hacen los ayatolas, solo que la llaman
defensa contra el odio y la xenofobia. Sálvanos Trump y llévate al tándem
diabólico con Maduro.

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