Anestesia moral de la educación pública

Anestesia moral hispana.

La anestesia es un estado temporal y reversible de pérdida de sensibilidad y por tanto de dolor físico provocado por medicamentos y permite realizar cirugías sin que el paciente sufra. Duele el cuerpo y duele el alma, por ejemplo, cuando vemos destruir un país y nadie impide la destrucción. Los antipatriotas dicen, “a mí no me duele España”. La cartera vacía si les duele y envidian a los que la tienen llena.

Cuántos más valores y más cultura tienen una persona más sucesos le causan dolor, así que una manera de evitar el dolor moral (anestesia moral) es la ausencia de valores y de cultura. Por la cultura conoces las cosas y por la moral te pueden doler.  Buda dijo la vida es dolor. A. Schopenhaer, que la vida es un péndulo entre el dolor de querer y el tedio de tener. Hay un tipo de personas, cada vez más abundantes, anestesiados al dolor moral, son los psicópatas. Incapaces de ponerse en la piel del otro, carecen empatía, ni se avergüenzan ni temen ser descubiertos al mentir o al delinquir, son peligrosísimos. Poner un país en manos de un psicópata es un certificado de ruina.

Los psicópatas funcionales se favorecen y desarrollan con un sistema educativo ausente de valores morales. Los jesuitas dicen, dame siete años de la vida de un niño y lo controlaré para siempre. La secularización de la vida occidental produce anestesia moral muy buscada por los socialismos de todos los colores, y consentida por los partidos políticos tibios, esos que buscan el centro, la moderación, la nada. Con las espaldas cubiertas es fácil la tibieza, abundante entre funcionarios y jubilados con buena pensión, pero los desesperados pueden despertar violentamente. 

La importancia de un país no se mide solo por su poder militar o económico. No es la primera vez que elogio a italianos aquí. La importancia puede ser para bien y para mal, pero la profundidad de la aportación es trascendental. La paz de Westfalia en 1648 marcó el fin de las guerras de religión y el nacimiento de los estados nación entre los siglos XVII y XIX. Las monarquías absolutas fueron desapareciendo, Italia como estado unificado moderno nació en 1861.

En el tránsito del poder de los reyes a los “príncipes” donde el poder político era temporal, Nicolás Maquiavelo (1469-1527) descubrió que una cosa es el poder y otra la moral, separó ambas cosas y la moral desapareció del comportamiento de los gobernantes. El voto sustituyó a los principios y éstos fueron desapareciendo en favor de la propaganda. La cantidad reemplazó a la excelencia, el adoctrinamiento a la libertad, los tiranos camuflaron sus intenciones. Los votantes no usan la razón y se hacen forofos como los aficionados al fútbol. 

La propaganda y la educación permiten gobernantes carentes de mínimos morales. El ejército obedece a los gobiernos, pero estos dan invisibles golpes de estado cambiando las leyes, así que sostienen dictadores sin parecerlo. 

Una sociedad sin valores morales, como la España después de Zapatero, el patriotismo de un general es tan dudoso como la fe de un obispo y la verdad de un rector. De las cruzadas cuando éramos un imperio hemos transitado a un estado sumiso al islam que excluye el cerdo en los menús de los colegios. Por el vientre de las mujeres musulmanas nos invaden, en España hay más de 2000 mezquitas que se llenan mientras las iglesias católicas se vacían. 

Nos invaden en guerra hibrida y el gobierno y sus terminales hablan  de crisis migratoria, mientras el ministro de Justicia marroquí reivindica Ceuta y Melilla. Parece un chiste. Defender las fronteras nos dicen que es un acto racista contra quien te invade. Hoy gobernantes amorales, tiranos que no respetan nada, ni el Congreso, ni la Constitución, ni Presupuestos, aspiran a ser como los antiguos reyes que conservaban el poder mientras vivían. El Rey Felipe VI ejerce de consolador de víctimas y mensajero de Sánchez, enviado a tomas de posesión de presidentes extranjeros, a las entregas de premios e inauguraciones absurdas y celebraciones vacías, pero le impide ir a las zonas invadidas. 

La llamada batalla pendiente es una batalla moral. Un italiano, Antonio Gramsci (1891-1937) se dio cuenta que apropiándose del control de la educación y la cultura controlas la mente de la población media. Dentro del sistema educativo controlas a las élites directivas, básicamente con dinero, recursos que a su vez han extraído a la fuerza a todos los ciudadanos con impuestos

Las élites educativas a su vez anestesian a los docentes de nuevo con dinero, esta vez en especie, en buenos empleos a través de sistemas de evaluación cuantitativos alienantes que ya hemos tratado en estas páginas. De los docentes pasan a los alumnos, de nuevo con recursos a las delegaciones de alumnos de facultades, que intercambian con decanos los votos de los alumnos por unas migajas de recursos. En estas delegaciones de alumnos crecen los tiranos de mañana. Veremos ejemplares peores que Zapatero y Sánchez.

Otro italiano P.P. Pasolini (1922-1975) dijo a principios de los 70 que la revolución pendiente era espiritual, que la verdadera amenaza del neocapitalismo era la mutación de las conciencias, por encima de la mera lucha económica. La destrucción de los valores espirituales y las culturas populares tradicionales, por la cultura de masas difundida por la televisión y el consumismo. También afirmó: soy un incrédulo que siente nostalgia de una creencia

Pasolini ignoraba la existencia de un capitalismo sano basado en el trabajo duro, ahorro continuo e inversión inteligente. Este capitalismo sano es favorecido por la religión, porque ésta favorece la renuncia al consumo y por tanto al ahorro. Para entender el capitalismo sano, hubo que esperar a que lo explicara la escuela austriaca de economía en 1920. Pasolini lo ignoraba porque los contenidos educativos no los incluían (tampoco hoy), el 90% de los economistas españoles e italianos que enseñan en facultades ignoran la escuela austriaca.

Hay que ser gran médico para acertar en la causa del dolor, hacer un diagnostico acertado y aplicar la terapia adecuada. Una cosa es identificar la existencia del dolor y otra conocer el origen. Este dolor que uno ve se puede eliminar con anestesia y medicamentos, pero sin acertar en la causa el dolor reaparece. Si el origen está mal identificado la terapia no será efectiva.

Pasolini acertó en la falta de espiritualidad, pero confundió capitalismo con consumismo. Sin embargo, puedes acabar con el consumismo con el comunismo porque pocos tendrán entonces capacidad de compra, ni libertad de elección ni oferta privada suficiente. Un gobierno no tiene que dar una receta para todos, ni distribuir nada, sino permitir educar en libertad y valores morales y que cada persona con ese bagaje elija y decida por sí mismo.

La anestesia moral de una sociedad no es un fenómeno nuevo, ya ocurría en la Rusia de los zares de la dinastía Romanov retratada por F. Dostoyevski (1821-1861)  en El idiota. Hay que decir que el idiota de esta obra se corresponde con el disidente actual, el inadaptado a la corriente general porque no acepta el prestigio y reconocimiento del poder ni compite por el logro de los resultados inmediatos que valoran los dirigentes. En el griego clásico idiotes no designaba a alguien falto de inteligencia sino al que no participaba de la vida pública y el estatus quo imperante que persigue la utilidad, cálculo y eficacia monitorizadas por ránquines oficiales. Idiota no era un insulto mental sino una descripción política y social, quien no participa del orden social utilitario. El idiota está representado por el príncipe Myshkin.

La sociedad anestesiada moralmente se rige por una utilidad instrumental, donde racional no significa justo ni verdadero. Es racional lo que está de acuerdo con lo que quiere el poder: cerrar un buen matrimonio, ascender socialmente, cuidar la reputación, asegurar ingresos y saberse mover en la intriga. Un buen sujeto es el que respeta lo conveniente: calcula bien, mide consecuencias, controla sus emociones, oculta lo que conviene y ajusta sus palabras a sus intereses. Esta atmósfera es la que se respira en la universidad pública desde hace dos décadas, y de ahí emana a toda la sociedad.

En la sociedad anestesiada hay dos tipos de racionalidad. La técnica o instrumental es la capacidad de escoger los mejores medios para un fin ya dado: cómo progresar socialmente, ganar más dinero, cómo influir en alguien, cómo mantener una buena imagen. Es la racionalidad del estratega y del gestor que obedece al poder. La racionalidad moral, en cambio, se pregunta por los fines mismos, no solo para qué, sino cómo y a qué precio. Cuida decir la verdad, le duele el sufrimiento ajeno, vela por la dignidad de las personas. Para los obedientes el testimonio de Myshkin es el de alguien que no sabe vivir de acuerdo con la racionalidad funcional, que está enfermo socialmente.

La universidad pública española actual se parece mucho a la sociedad descrita por Dostoyevski en El idiota. La anestesia moral de la mayoría acusa a Myshkin de extremista, inadaptado, enfermo. No lo imitan porque tiene un costo que no están dispuestos a asumir porque no quieren sacrificar la funcionalidad social que excluye la moral. Myshkin es aislado, silenciado, por los que antes lo apreciaban.

Los dogmas de la racionalidad funcional en la universidad son seguir el ranquin, ganar votaciones, no criticar, tener buenas encuestas, autopromoción rápida, hacer propaganda de que se funciona bien y vender que lograrás el éxito social si vas a la universidad. No importa que los titulados emigren porque los sueldos impiden la independencia económica, que los problemas técnicos de riadas, incendios se agraven cada año, que la historia sea oficial y la libertad de opinar se coarte con leyes de odio. La verdad es lo que valora un ranquin comercializado.

Los chivos expiatorios del cambio climático y la extrema derecha camuflan la incompetencia y la corrupción en España. En la Rusia descrita por Dostoyevski, después llegó la revolución bolchevique y millones de muertos. En mi universidad soy como el idiota de Dostoyevski, pero la obra de uno trasciende a la propaganda oficial transmitida por tanto fariseo universitario.

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