¿Quién vive bien con malos gobiernos?

Con malos gobiernos la clase media privada disminuye.

No sólo de pan vive el hombre, pero sin comer no se puede vivir. Sin libertad y el cumplimiento de la ley tampoco. España es un buen lugar para vivir si tienes dinero, pero no para ganarse la vida, por eso recibimos muchos turistas, residentes extranjeros, y tenemos doble desempleo que los países de nuestro entorno. Más de 3,5 millones de españoles quieren trabajar y no pueden, o trabajan apenas una parte de su disponibilidad, insuficiente para adquirir autonomía económica. El Gobierno maquilla las cifras inventándose nombres engañosos. Talento español tiene que emigrar por falta de actividad laboral.  Trabajos de recolección, cuidados, limpieza, que los españoles no quieren hacer son realizados por inmigrantes. Necesidades laborales no se cubren: conductores profesionales, construcción, carpinteros, electricistas, robótica, inteligencia artificial, tratamiento de datos, etc. Es evidente que estamos mal gobernados y que el sistema educativo está inadaptado al económico. Hemos tenido ocho leyes educativas en 45 años cuando la estabilidad legal es esencial. La educación está politizada, adoctrinando obedientes que no arriesgan, no capacita para ganarse la vida. Nos gobiernan unos partidos políticos, rebosantes de vividores y escasos servidores, que viven a costa de los impuestos que pagamos los demás que los elegimos en listas cerradas y bloqueadas por el caudillo del partido . La decadencia económica española es verificable, llevamos 20 años con renta per cápita estancada y la deuda pública se ha multiplicado por cuatro. El PIB no aumenta porque la actividad privada decrece y la pública aumenta. 18 millones de contribuyentes netos (privados) se mantienen a sí mismos y a 29 millones de receptores netos (públicos y privados).  Ganar elecciones, incluso con mayorías absolutas, no significa gobernar bien, cuando la renta per cápita no mejora y la deuda aumenta. Díaz Ayuso gobierna bien en Madrid y  J.M. Aznar en España también, entre 1996 y 2004, pero salvo ellos, ningún presidente de gobierno, estatal o autonómico, puede exhibir laureles de buen gobierno en los últimos veinte años.  Núñez Feijóo ni mejoró la renta ni rebajó deuda gallega, no puede presumir de buen gestor. Muchos españoles creen que votan bien cuando gobierna quién ellos han elegido, contribuyendo a la falacia defendida por los grandes partidos, PP y PSOE: gobernar bien es ganar elecciones. Estos partidos se han convertido en agencias electorales de colocación de afines, y no de servidores públicos. Lean “Privilegiados blanqueados” en este blog, y observarán como los políticos si que han mejorado. España es un país cada vez más comunista, donde no se respeta la propiedad privada (más de 100.000 viviendas ocupadas ilegalmente) y el sector público es crecientemente mayoritario. La distorsión informativa, las mentiras flagrantes del presidente del Gobierno, nos resta seguridad jurídica y fiabilidad como destino para hacer negocios. Nos engaña el Gobierno con el aumento de inscripciones en la seguridad social trabajando temporalmente, las horas trabajadas no han recuperado ni las previas a la pandemia. Miles de pymes han desaparecido porque no se concedieron ayudas directas por obligado cese de actividad en pandemia. Los fondos europeos no se han gastado en recuperar empresas deterioradas por la pandemia, y muchas han desaparecido. Es mas, no se sabe en qué se ha gastado.  Las horas trabajadas privadas decrecen. Prueba del algodón de la decadencia junto con el descenso demográfico, llevamos 15 años con población infantil naciendo 14.500 niños menos que el año anterior; los pocos jóvenes que se independizan, el 16%, lo hacen cada vez más tarde, compartiendo habitaciones en pisos. España lleva dos décadas convirtiéndose en un régimen comunista separatista con urnas, una dictadura que tenemos delante de la nariz y no vemos porque los medios de comunicación manipulan la realidad. La Fiscalía, el CIS, INE, altas instituciones del Estado, jurídicas y educativas, actúan a favor del Gobierno. La receta del Gobierno para atajar la financiación de las pensiones concluye elevar las cotizaciones sociales (auténtico impuesto al trabajo) con lo que las empresas y los trabajadores soportan una presión fiscal de las mayores de Europa. Los presupuestos destinan 40.000 millones a pagar la descomunal deuda pública, por el derroche sistemático de gobiernos . Un fenómeno cada vez más preocupante es que muchas pymes que funcionan y con cartera de pedidos, se vuelven más familiares, es decir, no contratan empleados extra-familiares porque no les compensa por el insoportable saqueo fiscal que padecen. El escudo contra el saqueo es no contratar, minimizando las contrataciones extra familiares, con lo que el paro difícilmente disminuirá. Nuestro modelo económico de importación de casi todo, no solo reduce soberanía productiva, sino que genera paro, el doble de la media de la UE. La agenda 2030, el ecologismo progresista aumenta impuestos restando competitividad a las empresas, y capacidad de consumo al ciudadano. ¿Por qué tenemos que ser líderes europeos en implantar el impuesto al plástico? El desamparo, por no decir castigo al sector primario, a la agricultura y la ganadería,  es incomprensible salvo que se busque la pobreza.  España tiene 1,5 millones de universitarios, pero los titulados no están habituados al emprendimiento, porque el profesorado tampoco vive el riesgo, no se dedica a la innovación, que es investigación comercializable, resultados que sirven a alguien dispuesto a pagar un precio. La universidad pública española es una inmensa guardería, donde al menos la tercera parte debería ir a la FP a aprender oficios que hacen falta para mantener las manufacturas e industrias que habría que recuperar. España necesita reducir gasto público improductivo, ahorrando gasto y devolviendo protagonismo a la iniciativa privada, reducir impuestos a empresas y trabajadores. Esta diferencia inicial de ingresos fiscales, se financiaría con el ahorro del gasto administrativo político descomunal, con la mitad de los 122.000 millones que se destinan a subvenciones improductivas clientelares; eliminando los 28.000 liberados sindicales, los miles de asesores, coches oficiales, escoltas, excesivos medios de comunicación públicos, etc. El PP y el PSOE han demostrado que no lo hacen. Los amigos del bipartidismo alternante que nos ha conducido a este estado fallido deberían reflexionar sobre si su voto contribuye a nuestra ruina.

Deja un comentario