Españoles, súbditos obedientes

Los españoles prefieren gobiernos tiranos porque ignoran lo que es la libertad.

Hace siglo y medio, el intelectual norteamericano Henry David Thoreau (1817-1862) dijo: “Cuando los poderes públicos cometen abusos apoyándose en leyes injustas, la mejor alternativa es desobedecer sin miedo, pues la conciencia nos ordena primero ser personas, individuos, consciencias libres y responsables, y solo después, súbditos.” 

La ley de amnistía, las celebraciones separatistas y su afirmación de que lo volverán a hacer confirman la traición del Gobierno. Delitos gravísimos de secesión por la fuerza, además de delitos económicos de corrupción y fraude fiscal de separatistas catalanes se han borrado para que Sánchez pueda continuar en el poder. Veremos si no ocurre como la ley del sólo sí es sí, y hay que liberar a otros criminales no catalanes para respetar la igualdad ante las leyes. 

Siete millones de votantes socialistas son cómplices necesarios de traición por sostener a quienes permiten que criminales se auto amnistíen en su nombre. Usar y filtrar al PAIS, los datos fiscales de un contribuyente privado en público es delito y la ministra de Hacienda, lo acaba de infringir, aludiendo a la pareja de Ayuso saltándose la ley, porque todo vale a este gobierno para tapar la corrupción propia e inventar la ajena. En cualquier país de la UE dimitirían, pero aquí son vividores profesionales de la política, a cargo de los tontos que los votan.

La ausencia de filtros en la partidocracia española, permite el acceso a la presidencia del gobierno a un psicópata, matón, una persona sin escrúpulos morales, o un ignorante, o todo en el mismo lote. Basta hacerse el amo del partido, y sin ser votado por la mayoría de los españoles, se alíe, incluso con traidores a España “desgobernando” para romperlo. Se llaman traidores.  Al socialismo comunista de este Gobierno sólo les interesa nuestros votos, no quieren nuestra prosperidad. Es la quintaesencia del populismo: comprar los votos que necesiten, por lo que haga falta. Gobiernan a favor de los que les votan y contra los que no hacen, a favor del crecimiento del sector público y contra la iniciativa privada.

¿Acaso los que no les votan no pagan impuestos? Las personas no son solo gente que vota, no somos cosas que votamos, para que unas presuntas élites vivan muy bien saqueando a la población, y endeudándonos al mismo tiempo, imponiéndonos cómo pensar, comer, recordar, manipulándonos con los medios de comunicación y un sistema educativo que ignora cualquier atisbo de ideas liberales, espirituales. 

Las personas necesitan tanto el alimento espiritual como el material. Obstruir la espiritualidad, la cultura religiosa de la población, en base a una hipotética neutralidad, ¿pero qué derecho tienen los gobiernos a controlar la espiritualidad de las personas?  Este gobierno, como todos los comunistas extiende la pobreza material porque pretende distribuir la riqueza sin generarla. Naturalmente buscando acabar con los ricos (a los que envidian) extienden la pobreza para casi todos, porque ellos están excluidos, se ponen buenos sueldos, pensiones, y algunos roban, y si no se prueba que se benefician personalmente, tampoco es delito.

Con la espiritualidad el socialismo hace lo mismo, distribuye la riqueza espiritual de los creyentes, actuando contra ellos, extendiendo la pobreza espiritual para todos, obstruyendo la educación religiosa y concertada cuanto pueden, y fomentando ideologías anti-familia tradicional, anti-natalidad y pro-aborto libre y gratuito. 

¿Por qué? Porque la familia tradicional protege mejor que el Estado, porque los creyentes necesitan menos al Estado. En lo material el adversario es la iniciativa privada, y en lo espiritual, la iniciativa individual.

Sustituyen las creencias religiosas por la creencia en el dios Estado, un monstruo abstracto, que ataca cualquier individualidad, libertad, creencia. Autoritarios que se meten con lo que tenemos que comer, recordar, pensar, creer. Atacan las instituciones que no dependen del dios Estado, como la familia, la religión, la  propiedad privada , nuestra libertad, nuestra individualidad. Cualquier comunismo conduce a la pobreza material y espiritual.   

Cada día se suicidan más de once personas en España. Son personas con tal acumulación de problemas que deciden no seguir viviendo por no encontrarle sentido. Acorralados, sin resortes materiales y morales, no le ven sentido a sus vidas. La pobreza empeora la perspectiva de verlo todo. ¿Cuántos muertos causan los gobiernos tiránicos que gobiernan contra una gran parte de la población? 

En España tenemos 4 millones de pobres con carencia material, que no llegan a fin de mes para cubrir las necesidades mínimas. Hoy incluso con trabajo hay muchos pobres en España. La tradicional clase media se ha reducido a algunos de los autónomos, todos los empleados públicos, algunos pensionistas con buenas pensiones y los pocos empleados de grandes empresas privadas. Ni la mitad de la población, el resto malvive como puede.

Cuestionar las cosas no es enfermedad. La obediencia ciega si es síntoma de enfermedad. Las columnas de la sociedad son la verdad y la libertad. La desobediencia es el verdadero fundamento de la libertad. Los obedientes son esclavos, y los que obedeciendo al poder empeoran a su país, por ejemplo aumentando el gasto público superfluo, en un país tan endeudados como estamos, son traidores. 

Cuando los mentirosos, tiranos y corruptos en el poder son blanqueados por la mayoría de los medios de comunicación, y a los que opinan diferente se les estigmatiza de fachas y populistas, sin argumentar por qué, la sociedad está enferma. En el estado de quiebra económica en la que está el país, el derroche del sector público en general, y en la universidad en particular es un crimen.  

Pero ahora está envuelto con celofán verde, ecologista, medioambiental, antinuclear, animalista, feminista y progresista. Los obedientes miran a otro lado y ponen el cazo para recoger. De tanto mirar lo que quieren ver, tienen que preguntarle a un ciego que tienen delante de la nariz. Los imbéciles y malvados abundan tanto en los asientos directivos, que el crítico que les regala la identificación de sus errores, y anticipa su decadencia, es objeto de burla y persecución.  Sólo les interesa el corto plazo. Los desobedientes se esfuerzan porque quieren ser libres, y la gente cree las mentiras socialistas para que no se derrumben las escasas esperanzas que les puedan quedar. 

El vulgo se deja seducir por la apariencia de éxito, que ni es aleatorio, ni depende de qué has estudiado ni donde, depende fuertemente del esfuerzo. El intelectual independiente, está obligado moralmente a desvelar lo oculto, por si le interesa saberlo a alguien. Muchas personas, están tan ocupadas en sobrevivir, que no tienen tiempo de desvelar lo oculto. Las guerras y sus consecuencias son como una película para ellos porque su verdadera guerra es como llegar a fin de mes. En España son cuatro millones. 

Hay dos maneras de ser engañados. Una es creer lo que no es verdad, la otra es negarse a aceptar lo que si es verdad. No faltan los que dicen que cómo es verdad, si los restaurantes están llenos. Lo que ocurre es que esas personas no van a los restaurantes. Las personas podrían aprender de sus errores si no estuvieran tan ocupadas negándolos. ¿Es un error, o un acierto enviar a estudiar a sus hijos a la universidad pública? ¿Saben las familias que sus hijos tendrán la cabeza llena de ideas socialistas, y que si quieren un trabajo digno tendrán que emigrar?

La tolerancia es un crimen cuando lo que se tolera es la maldad. Me pregunto si a una persona de capacidad media, que se ha sacrificado durante años, ella y seguramente su familia, que suele ser en España quien financia los estudios superiores, si le puede quedar alguna gota de gratitud hacia algo, siendo ambos engañados, con un título universitario que no emplea, que no vale porque nadie te lo compra, como un billete que no puedes intercambiar por nada, porque nadie lo quiere. Cuanto peor se siente una persona consigo misma más tiende a menospreciar a los demás, es menos cooperativa, incluso peor persona.

Se quiera aceptar o no, las familias esperan que si sus hijos van a la universidad, se empleen, independicen, construyan su camino.  Si la propaganda del sistema dice que la universidad desarrolla el sentido crítico, y todos asienten porque el disentimiento se persigue, produce obedientes. Si los videos de rectores, vice-rectores les dicen que los rankings dicen que la universidad X está entre las mejores del mundo, y todos saben que es mentira, pero callan, están estafándoles.

Está bien ser optimistas, pero no se debe vender humo. Es más frecuente que el optimismo proceda de la ignorancia o la maldad, que del conocimiento, o la sabiduría. Sánchez dice que la economía española va como una moto, y el PIB lleva dos décadas que no crece, descontada la inflación. Cualquier rector de una universidad pública española que diga que su universidad es de las mejores del mundo, miente más que Sánchez. Una universidad politizada, gobernada por votaciones es irremediablemente populista y mediocre, porque ni el riesgo, ni la libertad, ni la excelencia sobreviven. 

 ¿No tienen derecho las personas de que alguien les diga la verdad? En una sociedad donde se calla tanto, por miedo, los engañados están indefensos. Libres son los que piensan, no obedecen. De tanta corrección política llegará el momento que se les prohibirán pensar a los inteligentes para no ofender a los imbéciles. 

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