Educación politizada y sin esfuerzo

La educación pública española siempre controlada por el socialismo, es instrumento de adoctrinamiento socialista que excluye toda idea liberal

El capital humano es lo más importante de una organización. Los jóvenes españoles están malbaratados. Al llegar a la Universidad el alumno cree que lo importante es aprobar. Apreciar la dignidad del esfuerzo, cooperar, levantarse después de fracasar, descubrir la innovación, desarrollar el sentido crítico, manejar la incertidumbre, la disciplina de asistir a clase, transitar de la ignorancia al conocimiento, esto es lo esencial. Maleducado en secundaria, ninguna ilusión anima el proyecto del alumno, sino materialismo y desconfianza. Le han enseñado a victimizarse y no esforzarse. En muchos hogares también.

La ley de Campbell (LC) dice: si la evaluación de un proceso social se convierte en objetivo cuantitativo, distorsionará el proceso y producirá efectos contrarios a los buscados. Ante cualquier examen, sistemáticamente, oleadas de alumnos limosnean más nota, aunque faltan a la mitad de clases. El profesor es identificado más como juez que como fuente de conocimiento; deviene en un enemigo potencial que se confirma cuando el alumno no recibe la calificación deseada. Sustituye la sana autoestima del esfuerzo, que no conoce, por la irresponsabilidad de la víctima.

La deformación educativa se originó antes, pero empeora, porque los Rectores la favorecen. ¿Cómo un sistema de evaluación antiguo puede hacer tanto daño?, ¿Por qué y desde cuando?, ¿Quién se beneficia?

Las personas nos movemos por emociones, no por la razón, dijo Spinoza. Los jóvenes razonan peor porque sin experiencia su capacidad de relativizar disminuye, y se contagian más. Cuando un sistema de evaluación se concentra en una medida, el examen, el alumno inseguro reacciona emocionalmente distorsionando su esencia. Reduce el proceso educativo a la superación de los exámenes. Entrenado, desarrolla el papel de víctima, auténtica vacuna contra el esfuerzo. La reducción de exigencia académica continuada produce titulados devaluados.

Desde 1978, la educación pública ha acabado en manos del PSOE, aunque no gobernara, mientras el PP andaba distraído con la economía. Con la llegada de Zapatero en 2004, el PSOE abandona de facto la socialdemocracia, se radicaliza siguiendo la agenda totalitaria del foro de Sao Paulo: obtención del poder por la hegemonía cultural, a través de la educación y la propaganda, subvencionando el mundo de la cultura, los medios de comunicación y organizaciones feministas.

La estrategia es reducir la exigencia académica y aprobar lo más posible. Independientemente, el gobierno ignorando la LC, financia a la Universidad por el número de egresados, y el Rector, confirmando el efecto perverso de la LC, favorece que haya mas egresados para tener más presupuesto. Los alumnos votan a Rectores y Decanos.

El beneficio para la izquierda es doble, siembra apoyos electorales futuros de los estudiantes, satisfechos con la relajación de la exigencia; además deshabituados al esfuerzo, con incapacidad crítica, sin autoestima, devienen fácilmente manipulables por sus medios de propaganda. En este ambiente, la figura del profesor exigente es un obstáculo, que acaba derrumbado por la actitud de muchos compañeros cómodos y sumisos que siguen la corriente, o miran para otro lado. Los escasos discrepantes hartos, se cansan y rinden.

La evaluación para el acceso a la universidad (EvAU), debería ser por grandes áreas de destino, uniforme para un futuro fisioterapeuta, artista o ingeniero, es absurdo y no orienta al alumno sobre que bachiller debe elegir. Al concentrar la suerte futura del estudiante, genera incentivos emocionales contrarios en la educación secundaria. Los profesores, en lugar de enseñar lo que deben, preparan para la EvAU, distorsionando la educación, mientras los centros, ignorando la LC, miden su eficacia educativa por el absurdo ranking del nivel de éxito en la EvAU.

El problema afecta al país como pocas cosas pueden hacerlo. Urge recuperar el esfuerzo, y un sistema de evaluación que favorezca la cooperación y confíe en el profesor. La elección política de Rectores y Decanos distorsiona la educación universitaria. El cambio desde arriba no ocurrirá por intereses políticos. La crisis sanitaria ha confirmado que la universidad pública burocratizada y politizada, no está adaptada a la digitalización, con centros cerrados en la fase 3, mientras bares, comercios, gimnasios y playas, están abiertos. Cuando las familias comprendan que títulos universitarios devaluados sirven menos que un oficio, con ingreso mínimo vital. Habrá que cerrar universidades.

Artículo publicado en Las Provincias

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