Hay que acabar con las subvenciones públicas a los sindicatos, la presencia pagada obligada y con los liberados en las empresas.
En ningún país avanzado se conoce a los secretarios generales de los
sindicatos, y aquí los tenemos en los medios con frecuencia. En España
muchos no saben que uno se llama Álvarez, el secretario general de UGT, pero
saben que es el que lleva esos pañuelos raros a lo palestino y camisas
floreadas. Hace muchos años que UGT y CC.OO. tenían discrepancias, ahora
los dos han bajado mucho en afiliados, solo cotizan los que cobran
subvenciones. Desde que llegó Zapatero el PSOE y los comunistas no se
diferencian, UGT y CC.OO. tampoco. Hay un plan de promocionar presencia
de los líderes sindicales de estos sindicatos en prensa. El día 19 de enero en
una entrevista en el País, Unai Sordo, vende el discurso del gobierno, la
amenaza para la democracia de Trump y la ultraderecha. No tienen discurso
más que ese, lo pregonan para cobrar más de los gobiernos.
Los afiliados reunidos de las dos grandes centrales sindicales comunistas UGT
y CC.OO. no suman ni el 10% de los trabajadores españoles, sin embargo,
actúan con un protagonismo y prepotencia como si representaran a la mayoría
de ellos. Sus secretarios generales no son más que asesores obedientes
de la ministra de trabajo a cambio de millonarias subvenciones. Con las
cuotas de sus afiliados no podrían pagar ni los gastos generales de sus
regaladas sedes.
Estos sindicatos se atribuyen gratuitamente la representación de las clases
populares, es falso, y cada vez menos porque los reconocen como empleados
del gobierno. Su chulería de matones asusta a Feijóo que asiste a los
congresos de estos sindicatos y hasta se burlan de él. Estos sindicatos no
tienen la fuerza que se atribuyen y si le cortan las subvenciones se
esfumarán. Con terroristas, separatistas, pistoleros, criminales y matones, la
moderación nunca ha dado resultado en ninguna parte. Hay que acabar
con ellos enfrentándose legalmente. Cualquier gobierno alternativo debe
eliminar que las subvenciones, y se les acabará el cuento rápidamente.
Las leyes que obligan a las empresas a tener representantes crecientes en
función del tamaño también deben derogarse o cambiarse, quitándoles
protagonismo.
No solo se alimentan de subvenciones directas, sino que también cobran
a través del absurdo que supone la gestión de los cursos de formación de
desempleados. El daño sindical no se reduce a la enorme malversación,
también son responsables del pequeño tamaño de las empresas españolas
porque a partir de 10 trabajadores tienes que pagar a un representante sindical.
De 31 a 49 trabajadores, tienes que tener 3. Para evitar estos parásitos
obligados, con las enormes cotizaciones que hay que pagar, las empresas
españolas no pueden tener tamaño competitivo.
La retorcida interpretación marxista de que el propietario es un explotador
permite estas aberrantes cuotas que impiden sobrevivir al sector privado. Las
horas privadas trabajadas no aumentan desde que llegó Zapatero. La
economía española no levantará cabeza hasta que estos parásitos no
desaparezcan de las empresas, basta con que se cumpla el derecho laboral y
los abogados laboralistas ayudan a resolver litigios.
No se necesitan ni espías, ni liberados, ni matones, ni chantajes en las
empresas. Que se financien con sus afiliados y acabar con su omnipresencia
en las empresas. En la España actual, el rey ejerce de consolador a tiempo
completo de las catástrofes provocadas por negligencias de los gobiernos
Sánchez, y este totalitario nos advierte de que solo hagamos caso de las
mentiras oficiales, cuando él, su gobierno, portavoces e instituciones mienten y
falsean datos sistemáticamente.
El número de parados, de delitos graves, el IPC, el PIB, todo está adulterado.
Por si fuera poco, ahora los sindicalistas nos quieren adoctrinar, pero su
debilidad argumental no resiste la crítica. Son eficaces con la violencia, la
amenaza y el dogma, pero el argumento y la palabra no es para ellos.
Parece haber un plan de apoyo de los grandes sindicatos a Sánchez, y los
ponen a escribir en el País, para adoctrinar a incondicionales. No tardará en
aparecer el secretario general de UGT con otros cuentos sindicales.
El secretario general de CC. OO, el Sr. Unai Sordo tenía 4 años en 1976, y sin
embargo, ha escrito el día 22 de enero de 2026, en el País, el artículo titulado
“Las huelgas de 1976 que trajeron la democracia”. En ese tiempo España
era la novena economía mundial, la clase media era amplísima, no había paro
si querías trabajar, todo el mundo tenia vivienda en propiedad, los impuestos
eran bajísimos, y a la universidad pública iban muchos becados. Los titulados
se empleaban con buenos sueldos. Con tipos de interés altos las hipotecas se
pagaban porque los impuestos eran bajos y la cantidad de empleados públicos
razonable.
Sin embargo, el señor Sordo, que no estaba allí, dice que se convocaron
huelgas y manifestaciones por la mejora de salarios y condiciones de trabajo,
eso no solo era mentira, sino que hoy son mucho peores, la clase media ha
desaparecido, y los sindicatos no protestan contra este gobierno para que le de
subvenciones millonarias. Los sindicatos UGT y CC. OO son sectas
parásitas que no defienden ninguna democracia. Lo primero que debería
hacer el próximo gobierno es quitarle toda subvención.
La democracia para estos sindicalistas es la dictadura socialista que tenemos
hoy en España, donde ni se respeta la libertad de expresión con el delito de
odio. No se respeta la propiedad privada, consintiendo y fomentando la
ocupación de viviendas. No hay separación de poderes, ni igualdad entre varón
y mujer, ni entre españoles de comunidades no separatistas. Con recaudación
fiscal record año tras año, sin deflactar tarifas del IRPF, los servicios públicos
no solo no funcionan, sino que viajar en tren es peligroso. Al ministerio de
transportes le han rebajado su presupuesto un 51% con el nuevo ministro,
porque se compran votos pagando el ingreso mínimo vital IMV a 2,4
millones de españoles que cobran y no quieren trabajar. Adif es la empresa
pública que más fondos europeos ha recibido, pero también donde más
corrupción se ha descubierto.
La “democracia” de Sánchez nos endeuda 200 millones de euros diarios, y
claro, hay que pagar 50.000 millones de intereses de la deuda que se restan
del mantenimiento de infraestructuras. En el citado artículo del País, el Sr.
Sordo, que habla de oídas, afirma que la recuperación de las libertades en
España fue con la canalización de las contradicciones económicas y de
clase que generó el desarrollismo de los sesenta lo que convirtió el
anhelo por mejorar las condiciones materiales de vida en un factor
democratizador de primer orden. Quien estábamos allí, yo estaba en 3º de
facultad, y comparamos la situación económica actual, es claramente a favor
de aquella, por dos razones principales.
La primera es que en 1976 los impuestos restaban un mes de los ingresos
anuales de cada español, y hoy trabajamos más de medio año para hacienda,
no se puede ahorrar. La segunda es que, hoy los empleados públicos han
aumentado un 500% mientras la población lo ha hecho un 30%. Esto tiene un
coste fiscal brutal. Por eso hoy los españoles no pueden comprar ni una
escoba. Las contradicciones económicas las de hoy, no las de 1976. El Sr.
Sordo no tiene ni idea ni de economía, ni de lo que es el capitalismo, y
confunde democracia con que gobiernen sus correligionarios.
En los años sesenta se cumplían las condiciones del capitalismo sano, trabajo
duro para todo el que quería trabajar, ahorro e inversión en vivienda propia. Los
gobiernos Sánchez no gestionan ni administran, todo es propaganda, saqueo
fiscal y compra de votos. Gastar presupuesto ilimitado no es gestionar.
Sánchez no gobierna, porque no gestiona, todo es saquear a autónomos y
productivos para subvencionar a otros para que te voten y a separatistas para
que te apoyen.
Sordo no se recata en su afán adoctrinador: Necesitamos cultivar una
memoria que nos ayude a consolidar una narrativa cívico-popular sobre
nuestra democracia. Un país necesita mitos constitutivos, que se basen
en una verdad histórica, pero que trasciendan de la aproximación
historicista para convertirse en un alma de autoestima del país. Al final
dice, que para prevenir que no vuelvan los valores, las ideas y las jerarquías
que hicieron posible la dictadura, y que anidan en las nuevas formas de
reaccionarismo autoritario. El sentido común que defienden de los partidos
patrióticos en la UE son para estos comunistas los gérmenes de la
llegada de la dictadura. Para estos angelitos la democracia es lo que hacen
ellos, y eso si es una dictadura.